Señorita:
No soy socialista ni rojo, no se moleste usted conmigo, que no me enteré yo; deseo pedirle mil disculpas y solicito su perdón. Me llamará facha o machista, ya ve, a mí me dará igual, porque su evocación por momentos colma mi íntimo anhelo de lo femenino –casi también de lo divino-, un concepto de hembra aguerrida, justiciera, idealista, compañera. Es usted una heroína Marvel puño en alto, un pneuma, una ensoñación.
Entra usted en la contradictoria etapa en la [...]
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